Como vivían los pescadores que iban al moro

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Por las tardes los chavales nos sentábamos en los escalones de los portales o bajo las ventanas y allí contemplábamos pasar a todo tipo de gente, las señoritas que iban a trabajar a los bares, las amas de casa que iban a comprar a los almacenes. También, sobre todo por las tardes, era frecuente ver todo tipo de pescadores que siempre llegaban en grupos de 8 o 10. Todo el mundo sabía que iban con los bolsillos llenos de dinero  por haber terminado la marea y cobrado. Sobre todo con lo que más ganaban era con  el “provecho” que era un dinero que se repartía la tripulación por vender las huevas y el aceite que sacaban de las merluzas que capturaban.
Las mareas duraban sobre 28 días y estaban tres días en tierra mientras arranchaban (reponían los suministros) los barcos y reparaban las redes.

Los barcos de marea de 28 días

En esos tres días, los que no tenían quien les esperase o no eran de la ciudad (había muchos gallegos y algunos vascos), aprovechaban para gastarse todo el dinero que habían cobrado, que por cierto en aquellos tiempos era bastante.

La lonja para empezar a descargar

Cuando desembarcaban, después de la subasta, iban al Bar Los Pabellones que estaba muy cerca del barrio, en la calle Plocia esquina San Juan de Dios. Ya allí empezaban a beber y comenzaban la visita de bares, primero los de la calle Plocia, que había dos o tres, luego iban al Pópulo, acababan en el Pay Pay, y si les daba tiempo iban a la calle San Juan a otra Sala de Fiestas llamada el Salón Moderno, el Copacabana, y varios más que había por allí. Por la mañana volvían a ir a los Pabellones para comenzar de nuevo la ruta.
Cuando pasaban los tres días ya se habían quedado sin dinero y se volvían a embarcar otros 28 días. Muchos se llevaban unas novelitas de vaqueros de Marcial La Fuente Estefanía, que no tenían más de 130 páginas y se leían de un tirón.

Las novelitas para acompañar los viajes

Eran muy buena gente y se pasaban el día invitando a todo el mundo. A veces, ya tarde en la noche, se les podía ver dando “cambayas” con la borrachera que llevaban.

Faro de “Las Puercas”

En el barrio vivian muchos marinos retirados. Yo recuerdo muchas veces, con mucho cariño, a Rafael Mangas, que estaba ya jubilado cuando yo tenía 14 o 15 años, vivía por la Plaza de San Martín, y siempre le gustaba hablar con los chavales y contarnos historias de sus viajes, y sobre todo, relatarnos de memoria el nombre de los faros y las boyas desde que sales de Cádiz hasta llegar a Sanlucar. (Las puercas, cochineras y muchos más cuyo nombre he olvidado)

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