El noviazgo y las bodas de aquellos tiempos

162
Compartir
Boda año 1958

Durante los años oscuros de la dictadura, la vida cotidiana tenía que continuar aceptando la legalidad impuesta por los vencedores. Hasta el año 1967 todas las bodas tenían que ser entre católicos.

A partir de esa fecha se fueron introduciendo algunas modificaciones que permitían la posibilidad de tener un matrimonio válido aunque no fuese eclesiástico. En ese caso había que demostrar que los contrayentes no formaban parte de la religión católica.

Para demostrarlo, había que conseguir un certificado de la parroquia a la que se perteneciese mediante un escrito del párroco, en el que certificaba que se había anotado en su ficha bautismal la baja a la religión católica. Esto era en la práctica muy difícil de cumplir, ya que exigía de hecho que se apostatase.

Como todo el mundo estaba bautizado, se tenía que iniciar un trámite muy largo ante los religiosos (de cuya religión ya no formabas parte) teniendo que cumplir muchos plazos y dar muchas explicaciones a gente que tenía unas ideas contrarias a las tuyas. Siempre procuraban decir que la boda en si era un trámite muy pequeño y que no merecía la pena tomarse tantas molestias para nada.

Casi 10 años después, lo sufrí en mis propias carnes, cuando fui a casarme al juzgado, tuvimos que apostatar y nos tuvieron 3 meses expuestos en el tablón de anuncios de los juzgados por si alguien se oponía a nuestra boda. Creo que mi boda fue la segunda celebrada en Cádiz por lo civil desde 1936.

En un despacho mucho peor que este me casé
en el Juzgado de Cádiz Solo falta un enorme
crucifijo que el Juez se encargó de colocar en
la mesa después de hacernos pasar
 por innumerables trámites y ponernos trabas.

Pero si difícil era la boda, más difícil aún era el noviazgo. De hecho era algo casi eterno. Era muy normal que durasen 8 o 10 años o incluso más.

No habían discotecas ni sitios donde se facilitasen los encuentros entre los chavales y las chavales. En los colegios e institutos no estaban mezclados por sexos, por un lado estaban los masculinos y por otro los femeninos.

Como mucho había que aprovechar en los carnavales, Semana Santa y alguna que otra verbena que se celebraba para tratar de ligar.

Tampoco había mucho donde elegir teniendo en cuenta que apenas se salía del barrio, o del casco antiguo. Cambiar de ciudad era algo muy extraño.

Cuando por la circunstancia que fuese (a través de familiares o amigos, o por alguna casualidad de la vida) una nueva pareja se formaba, tenían que seguir un ritual muy largo.

Hay que tener en cuenta que era una sociedad muy machista, y las chavalas sobre todo tenían que tener mucho cuidado, ya que si las dejaba el novio lo más probable era que nadie más se le acercase porque ningún otro quería estar con una mujer que ya había estado con otro. Había que llegar virgen al matrimonio.

Una vez que la pareja tomaba contacto, empezaban a salir a dar una vueltecita por la Plaza Mina, la Alameda o el Campo del Sur, eso si, acompañados siempre por una carabina (la hermana pequeña o cualquier otro familiar de la novia) que les acompañaba a todos lados para que los novios no pudiesen tener intimidad.

Mantel finamente trabajado
perteneciente al ajuar de novia

Si la cosa cuajaba, el novio tenía que hablar con el padre y pedirle permiso para salir con la hija. A partir de ese momento ya el novio podía entrar en la casa de la novia y pasarse la tarde con ella, reunidos en la mesa camilla contando historias, o jugando a la lotería o algo parecido, aprovechando para “darse la mano” por debajo de las faldas de la mesa.

Ya se comenzaba por parte de la novia a confeccionar el ajuar. Sábanas, toallas y mantelerías finamente bordadas con las iniciales de la pareja y con tiras bordadas por los bordes.

Cuando ya se fijaba la fecha de la boda, tenían que ir a la iglesia para acordar los trámites con el cura.

Tenían que hacer el cursillo prematrimonial, tomarse de dichos y por fin la boda.

Eutimio Dominguez. Durante un
tiempo trabaje con él en el local del barrio

En aquella época muchas novias se casaban con un vestido de calle, no el típico de boda. Los novios y los padrinos se hacían el traje en el establecimiento que Eutimio el sastre tenía en la calle San Antonio Abad esquina con Posadilla, en el local que había sido una barbería.

Se celebraba un convite y se hacía el viaje de novios que muy bien podía ser ir a Jerez o como máximo a Sevilla. !!Igualito que ahora¡¡

Parroco de la iglesia de Santa
Cruz . Marcelino Martín

En el barrio se casaban las parejas en la iglesia de Santa Cruz con el cura Marcelino Martín, que no se sí continuará todavía.

El curo Marcelino a la izquierda en el año 1972.
Procesión del Santo Entierro. Solía salir los sábados.

Hay que recordar que entonces no existía el divorcio, ni los métodos anticonceptivos, ni, por supuesto, el aborto.

Esto era lo que normalmente se hacía, pero conviene recordar que no faltaban parejas que se casaban de “penalty”, aunque solo fuese por cubrir las apariencias, ya que si se dejaba a una mujer embarazada y no te casabas con ella, te podían hasta detener.

Así se podía sentir una mujer
que no fuese con los tiempos

La condena era de todas formas para la mujer, ya que si se casaba obligando a su pareja, le espera un infierno de por vida, y si no se casaba y era madre soltera ya estaba estigmatizada para los restos.

Que vida tan difícil para todos, pero muy especialmente para las mujeres.

Deja un comentario