Los juegos de los chavales en el barrio

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Como era típico en aquellas fechas, los niños y las niñas íbamos cada uno por nuestro lado, ya que si se te ocurría juntarte con las niñas enseguida te decían que eras mariquita.
La comba
Rayuela/La china
Las niñas jugaban a la comba, al elástico, a un juego que se pintan unos cuadrados en el suelo e iban empujando una piedra, (no recuerdo como se llamaba, pero puede ser la rayuela, la china o el tocaté) al pañuelito “Así se lo pone el moro, / así los bandoleros, /así las gaditanas, / la niña que yo más quiero”, y bailaban en medio de una rueda colocándose el pañuelo según decía la canción. También jugaban al diábolo y al yo-yo. A veces venían modas unisex que todos sufríamos por igual como unas bolas colgando de una cuerda que había que hacer chocar entre si el mayor número de veces posible. Ni que decir tiene que todos acabábamos con la muñeca hecha polvo.

 

Bolas parte brazos
Nikli, nakli y konakli

Por el lado de los niños solíamos jugar al fútbol en plena calle con una pelota de trapo, también jugábamos al nikli, nakli y konakli que era una variante del juego del fútbol con latillas de refrescos. También jugábamos al trompo, bien al puazo (se trataba de partir el otro trompo con la púa del tuyo) o a la cagandeta (se trataba de que el trompo estuviese girando el mayor tiempo posible). También al salto de los tres porteros o mangüiti.

El trompo
El Mangüiti o el salto los tres porteros

 

 

El aro

Jugábamos a “tu te quedas, tu la llevas”, al puli, a carreras con aros que solíamos sacar de la circunferencia que unía las patas de una silla y hacíamos una guía con alambre y ganaba el primero que diese la vuelta a la manzana. Jugábamos a la máquina de coser que se trataba de subirse en las rejas de las ventanas y resistir allí sin bajarte para que no te tocase el que se quedaba. También nos metíamos con todo el que pasaba por allí, sobre todo con “JuanTonto” que le gustaba ir al barrio vestido de torero (os prometo que no me lo invento), le gritábamos desde lejos “Juan, tu novia es mía”, “Juan, tu novia tiene un diente de palo”. El salía corriendo detrás nuestra con una piedra que nunca nos tiraba. También pasaba con el sordo del 14, el que iba muy mal vestido y que vivía solo en una habitación y cuando murió se descubrió que tenía un montón de billetes en el colchón. De todo esto ahora me siento avergonzado, pero en aquellos tiempos nos parecía algo normal.

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