Los supermercados de los años 60

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Almacén de ultramarinos

Ahora nos parece muy normal entrar en un establecimiento de cualquier cosa y ponernos a recorrer los pasillos , tocar todo el género, probarnos lo que queramos, llevárnoslo a casa e incluso devolverlo porque no nos gusta.

Almacén antiguo

Eso antes no era así de ningún modo.

Los supermercados no existían. La gente iba a la plaza de abastos o al piojito y compraba en los puestos que había dentro. Esto todavía existe, hay que pedir la vez, y esperar a que el dependiente te despache. Luego, en los barrios había almacenes muy pequeños donde se compraban los artículos del día a día.

La Flor del Norte – El Magolla

En el barrio había siete almacenes, en la calle Fabio Rufíno estaba el almacén del “picharrota” (nunca supe porqué le llamaban así), luego en la calle mesón estaba el de Antonio “el magolla” (tampoco tengo idea de porque ese nombre) que estaba justo enfrente del Pay-Pay, y que compartía local con un puti-club del que estaba separado solamente por una puerta por el lado de los clientes ya que la barra era común para los dos establecimientos. Justo enfrente había otro que compartía las mismas características de almacén/puti-club, lo llevaba Pepe que también regentaba la droguería que estaba enfrente, junto al bar “Los Marinos”.

Almacén de los 70

Ya en el centro de la calle Mesón había dos muy pequeños, el primero le decíamos “Casa El Muerto”, y lo atendía un Señor que se llamaba Francisco y que era muy delgado y con gafas de pasta. Su hermana le traía todos los días un canasto con la comida. Esta mujer era muy pequeñita y no muy agraciada, siempre iba vestida de negro y tenía media melena de un pelo lacio y todo blanco, a juego con su piel. En este almacén tuve mi primer trabajo. Tendría yo unos 12-13 años y despachaba en un local que alquiló enfrente donde se vendía el pan y las chuches. Me pagaba 7 pesetas la hora.
Junto a este, al otro lado de la casapuerta del 13, había otro almacén que llevaba un Sr. que creo que se llamaba Pepe, aunque yo nunca entré a comprar.

El Paraíso ahora se llama La Posadilla

Luego, en la Plaza de San Martín, estaba El Paraiso, que compartía local con el Bar, y ya frente a la entrada del Colegio de San martín había otro almacén/bar al que tampoco entre nunca.
La forma de funcionar de todos era la misma, te ponías en cola y el dependiente te preguntaba que querías y iba cogiendo los artículos, o despachado la mortadela o la carne membrillo y apuntando el precio de cada cosa en un papel que al finalizar sumaba delante tuya.

Papel de estraza

Todo lo solían envolver en papel de estraza, una o dos capas. Al final comprabas 3 pesetas de mortadela y llevabas más papel que producto. Por eso siempre pedíamos p.ej. “un cuarto y octavo de mortadela de aceitunas, pero que estén bien despachá”
No existía tarjeta de crédito, de fidelización ni de débito. Había que pagar en pesetas constantes y sonantes.

Mortadela

La mayoría de las veces, cuando no había dinero en casa, íbamos a comprar y al final, cuando hacía la cuenta, le decíamos “a dicho mi madre que se lo apuntes que luego vienen ella a pagar”.
El almacenero tenía una libreta donde iba apuntando todas las compras que se dejaban “fiao” y cuando entraba dinero en casa lo primero que se hacía era ir a pagar al almacén.
Así íbamos pasando los tiempos de estrecheces, por lo que los almaceneros eran unas personas muy queridas y reconocidas en el barrio.

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