Un día de verano en el Barrio

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Los días de verano nos encantaban. Disponíamos de todo el día para jugar y gamberrear. Por las mañanas nos encontrábamos en la esquina de la calle Mesón con San Antonio Abad o en la plaza de San Martín. A medida que íbamos llegando empezábamos a contar historias, que si habíamos visto por la noche el capítulo de “Historias para no dormir”, o Ironside, Viaje al fondo del mar, Los Invasores, o la película que hubiesen puesto. A media mañana ya nos metíamos en el Bar El Paraiso, o en el de Mariano y bien nos poníamos a jugar al pimball, o directamente a las cartas. A mi, particularmente, me gustaba mucho jugar al mus, pero al mus como se juega en Cádiz, con solo 4 reyes. Echábamos partidas por parejas y solíamos jugar al mejor de 2, con dos patas (partidas ganadas) cada una. Recuerdo que al principio, las mesas eran de mármol blanco y anotábamos los tantos con tiza. Los que perdían les tocaba pagar la convidá.

En aquellos tiempos la gente mayor hacía lo mismo, y solían beber ½ botella de vino fino en unos vasos de caña pequeñitos. Por supuesto no había tapas, aunque si se tenía hambre solo se lo tenías que decir a Pepe que se lo pedía a Alfonso por una ventanita que tenía la puerta que separa el bar del almacén. En el bar de Mariano tenía morcilla y butifarras que traía de Chiclana. La gente también bebía Reguera y valdepeñas que traían de la bodega de Nicanor.

 

Lo que ya se ha perdido afortunadamente es que había unas vasijas para escupir, y el suelo siempre estaba con una capa de serrín. En la pared no faltaba el famoso cartel de “Prohibido el Cante”. Ahora que lo recuerdo la gente solía escupir por la calle sin ningún pudor, y como no había pañuelos de papel se utilizaban unos de tela (le decían de yerba) que tenían estampados unos cuadrados pequeños azules y blancos. Después de sonarse se lo metía uno en el bolsillo y lo llevabas a casa para que lo lavasen.
Por la tarde la cosa mejoraba mucho, nos solíamos ir a los bloques del Campo del Sur a bañarnos, y nos poníamos una especie de bronceador casero que hacíamos con aceite y un poco de vinagre (como si nos fuésemos a aliñar). La verdad es que este bronceador no hacía nada, al contrario yo creo que te quemabas más. Afortunadamente en poco tiempo ya estábamos morenos y no nos poníamos nada.

En los bloques, nosotros íbamos frente al antiguo manicomio, había “agua tapá” y nos pasábamos la tarde contando historias de las morenas que había en las profundidades. Jugábamos a tirarnos del bloque más alto y teníamos que llegar al fondo y sacar arena para que los demás lo vieran.

Luego íbamos a las duchas del Campo del Sur, frente al Colegio del Campo, y nos pegábamos el duchazo de rigor. Por cierto que la encargada, nada más entrar uno en la ducha, ya estaba la buena mujer dando golpes en la puerta para que te salieses.

Lo mejor venía por la noche, cuando teníamos dinero, nos íbamos al cine Caleta y veíamos las películas, o mejor dicho, participábamos en las películas, gritando a cada momento, metiéndonos con los actores, llamando al portero. De vez en cuando el portero se mosqueaba y se acercaba al principio de la fila y decía, “desde esta silla hasta el final todos a la calle”
Cuando volvíamos, pasábamos por la calle del Cine Nuevo y siempre había camiones cargados de fruta para descargar en la lonja y siempre pescábamos alguna.

Buenos recuerdos que nunca se repiten. (Voy saltando en el tiempo, en esta época tendría unos 13 o 14 años)

1 Comentario

  1. Me a encantado revivir esos dias de verano en el barrio…….yo no hacia nada de eso, porke antes "una señorita no podia hacer esas cosas" pero si me acuerdo de El Paraiso, de Milagros y Antonio que eran los que los llevaban en mi epoca y de Antonio el Malagueño que eran los lugares de reunión por excelencia del barrio. Que tiempos.

  2. Tienes razón Pilar, en aquellos tiempos los niños y las niñas íbamos separados. Aunque te digo que al Caleta siempre se apuntaban las hijas del Peña (que vivia en el 14 de San Antonio Abad), aunque venian acompañadas de su hermano. Por cierto, en esos años el Malagueño era Paco, tengo una foto suya en el blog.

  3. Yo a Alfonso no llegué a conocerlo, pero a Antonio y Milagros, sí, la de bocadillos para merendar que me hicieron. Desgraciadamente, Antonio falleció hace unos días. Descanse en paz.

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